El deber de desmaquillarse bien.

Sin limpieza no hay belleza. Un dicho muy conocido entre los profesionales del sector que todas deberíamos conocer y aplicar. Y es que no hay dermatólogo, esteticista o maquillador que no insista en esta condición ‘sine qua non’ para que la piel pueda mostrarse en todo su esplendor.

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Así es, y está demostrado. De nada vale el mejor de los tratamientos dermatológicos, el maquillaje más fabuloso o el masaje facial más eficaz del mundo. Para que se luzca, la piel ha de estar escrupulosamente limpia antes.

Si quieres descubrir a qué tipo de piel corresponde la tuya, límpiala escrupulosamente y déjala reposar después sin aplicarle nada, y no te la toques con las manos. Al cabo de una hora, más o menos, mírate en el espejo y descubre su tipología:

Normal. Su tono es rosado, su aspecto es mate, pero luminoso, al tacto es aterciopelada y sus poros se muestran casi cerrados.

Grasa: Es una piel gruesa, untuosa que tiende a la flacidez. Por culpa de la gran actividad de sus glándulas sebáceas, presenta brillos por doquier y tiene los poros dilatados con algún que otro punto negro y zonas proclives al acné.

Seca: Piel delgada con el tono opaco. Al tacto es rugosa y sus arrugas son evidentes, sobre todo en la zona periocular. Su baja producción de lípidos la presenta con un aspecto mate. Sus poros son invisibles.

Mixta: Es más gruesa y untuosa en la zona media y presenta el poro más dilatado. Su zona T (frente, nariz y mentón) brilla en exceso, mientras que en el resto de la cara su aspecto es más normal o seco.

Sensible o intolerante: De apariencia frágil, destaca por mostrarse muy reactiva a los agentes internos y externos y presentar rojeces dispersas.

Cada textura de limpiador busca su piel

Cremas y leches: Indicadas para pieles normales a secas. Estos líquidos más untuosos se aplican y retiran con un algodón.

Aceites: Dependiendo de su aplicación pueden ser aplicados incluso en pieles mixtas o grasas; aunque suelen ser las pieles secas y maduras las que funcionan muy bien con los aceites. Al incorporar surfactantes a una base de lípidos para hacerlos hidrosolubles, así consiguen que se emulsionen y puedan retirarse sin dejar residuos. Se usan en seco, se pueden aplicar directamente con los dedos y retirar después con un algodón; o bien se extiende sobre el algodón para luego pasarlo por el rostro, ojos y labios.

Geles: Pieles mixtas y grasas. Se pueden extender directamente sobrela piel, o bien poner el producto primero en las manos previamente humedecidas; luego se frotan hasta conseguir algo de espuma y entonces limpiar el rostro. Conviene retirarlos con aclarado abundante.

Mousse o espumas: Adecuados para limpiar pieles grasas y con tendencia acneíca porque resecan bastante la piel. Se retiran con agua abundante y aplicar siempre posteriormente una fórmula hidratante.

Toallitas limpiadoras: Hay fórmulas específicas para cualquier tipo de piel, incluso la sensible y delicada, y también puede usarse para desmaquillar los ojos. Pero hay que tener en cuenta que no pueden realizar una limpieza profunda por lo que su uso tiene que ser puntual.

Aguas micelares: para pieles normales y mixtas. Son muy fluidos y nada grasos y se aplican aplican con un algodón. Suelen ser un dos en uno, limpiador y tónico por lo que resultan muy rápidos y necesarios cuando hay poco tiempo para la limpieza.

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